Una vez oí que el Dalai Lama había dicho que la única forma de alcanzar la felicidad es mediante el desapego de las expectativas... Y aquí estoy, intentando abandonar toda esperanza de entenderte. Dedicado al gran Quevedo y en especial al hombre que orinaba sentado.
lunes, 16 de enero de 2012
miércoles, 11 de enero de 2012
EL HOMBRE QUE ORINABA SENTADO
Era evidente que él disfrutaba con esta situación. No se había visto nunca antes envuelto en nada parecido y lo cierto es que le gustaba. Le gustaba ver a esas dos mujeres peleando por él. Su autoestima crecía viendo el deterioro físico y emocional de su esposa día a día. Día a día más delgada, los ojos más hinchados, más deprimida... De esta manera ella personificaba a la perfección el personaje que él le había adjudicado en su fantasía: una mujer sumisa, incapaz de tomar decisiones, totalmente dependiente, que lo necesitaba para todo a él. A él, su salvador, su compañero, el amor de su vida...
Mientras, en el otro lado del ring, la otra mujer hacía crecer su ego con halagos y carantoñas en el dulce juego de la seducción. Así ella también encajaba en su fantasía: la que todo lo soluciona, la que resuelve todos los problemas...
Él, superando su baja autoestima, asumía entonces el papel protagonista: el ansiado trofeo para la ganadora de la batalla. Lo que las contrincantes no sabían era que él ya había decidido el desenlace de antemano.
Sí, era evidente que el hombre que orinaba sentado estaba disfrutando con esto.