El hombre que orinaba sentado a veces era tan torpe que ni siquiera se daba cuenta del daño que hacía... ¿o sí?
Elegía mal a sus amigos y compañeros de viaje, llegando incluso a ignorar a aquellos que tanto le habían aportado y cuyos cariños le habían acompañado siempre.
¿Qué pensaría aquel que lo llamaba "hermano" al ver el nombre de otro amigo en el lugar que a él le habría de corresponder?
Pero él no se paraba a pensarlo.
Igual que no se paraba a pensar el tremendo daño y dolor que causaba a esa personita de cabello rizado y enormes ojos tristes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario